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Crece la preocupacion por la suba de casos y el Gobierno se prepara para imponer más restricciones

El desgaste de la cuarentena interminable de 2020 pone contra la pared a la Casa Rosada, donde ya no queda funcionarios que se animen a decir que no habrá más medidas después del 30 de abril.

En el gobierno no parecen habitar personas que puedan asegurar que a fin de abril no se prolongarán o ampliarán las restricciones impuestas por la segunda ola de la Pandemia. Los números asustan por igual a funcionarios e infectólogos del oficialismo y la oposición.

Durante el verano pensaron que esta nueva etapa del Covid iba a llegar con fuerza una vez entrado mayo y no antes.

Por esa razón tuvieron que acelerar y endurecer las nuevas restricciones, aunque no al nivel que lo deseaban el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, y el propio Alberto Fernández.

El presidente tuvo que moderar en algo esas medidas en buena parte por la intransigencia del jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, pero también por los reclamos que le hicieron llegar algunos gobernadores e intendentes del conurbano, todos del mismo palo político oficialista.

Los argumentos se apoyaron en dos pilares. No ahogar a las economías provinciales y municipales y evitar el descontento y la protesta social.

De todas formas hay algo que preocupa y es el riesgo de no poder hacer cumplir estrictamente las limitaciones impuestas, sobre todo en la circulación y las reuniones sociales o fiestas clandestinas. Parece iluso pensar que solo la circulación nocturna es la madre de la segunda ola.

Ya no quedan funcionarios en la Casa Rosada que se animen a decir que no habrá más restricciones después del 30 de abril

Es cierto que el fuerte turismo de Semana Santa sumó contagios como también lo harán las movilizaciones sociales que se han dado y seguirán en el centro porteño en busca de una mayor asistencia económica. Pero el transporte también hace lo suyo y nadie se quiere quedar a pie cuando tiene que ir a trabajar. Sea esencial o no. Y es sabido que el virus se transmite con fuerza del AMBA al interior del país.

El desgaste provocado por la amplia cuarentena del año pasado parece pasar factura ahora y para cumplir con estas restricciones se necesita un fuerte control durante todo el día. Pero no hay fuerzas de seguridad federales o provinciales necesarias para hacer cumplir las normas. Y menos empleados municipales que son reacios a tomar funciones de policía.

Además, solo alcanzan para controlar los centros comerciales y de gastronomías del conurbano, para que cierren a horario, y la circulación por los ingresos a las autopistas o grandes avenidas.

Este panorama preocupa y mucho a la Casa Rosada y a los gobernadores. Sobre todo si las restricciones se profundizarán, como muchos imaginan, a partir del 1 de mayo. Por más que lleguen todas las vacunas prometidas, la segunda ola está en marcha, a un ritmo que asusta.

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