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La increíble historia del camión que brilló en el Rally Dakar 1986: fue vendido para transportar caballos, se restauró y volvió rugir en el desierto

Es un Pegaso que ganó en su categoría y luego la fábrica se deshizo del gigante por un bajo costo. Tras usarse en una fiesta religiosa, un herrero lo encontró por Facebook. Lo restauró y cumplió su sueño tras el impulso de sus hijas

(Desde Arabia Saudita) Desde la creación de la categoría para vehículos clásicos el Rally Dakar tuvo varios hallazgos. En ella participan entusiastas amateur amantes de los motores que modifican máquinas de la época o hay quienes se llevaron la sorpresa de sus vidas y descubrieron algún tesoro perdido como el caso del Pegaso 7222 de 1986 que encontró y restauró el español Bautista Urbano Sancho y hasta hace tres años se usaba para una fiesta religiosa. Se trata de una reliquia para su país, ya que fue con ese camión Salvador Cañellas venció en su divisional.

El “Dakar Classic” es una divisional reservada para coches y camiones de 1979 a 2000 y participan bajo la modalidad de regularidad, es decir, no son tramos cronometrados como los de los vehículos actuales, sino que deben respetar ciertos límites y cruzar los puntos de control en los momentos y velocidad indicada. La especialidad tiene como padrino a Jacky Ickx, ganador de la carrera más dura del mundo en 1983.

Hace 37 años Cañellas fue tercero en camiones en el Rally Dakar, logró el triunfo en la categoría de camiones ligeros de menos de 10 toneladas y terminó en el puesto 30º en la general global del Dakar. Luego de aquella carrera Iveco absorbió la fábrica Pegaso y desmanteló el equipo de competición. Las únicas cuatro unidades que se habían fabricado para correr fueron vendidas a muy bajo precio. Este camión lo compró un señor que lo usó para llevar caballos en una festividad local hasta que decidió ponerlo en venta y ahí apareció en escena Urbano Sancho, quien buscaba un “auto caravana” o 4×4 para hacer travesías.

El Pegaso en acción en la octava etapa del Rally Dakar (ASO/FOTOP)El Pegaso en acción en la octava etapa del Rally Dakar (ASO/FOTOP)

Bautista siempre fue un amante del automovilismo y en los noventa compitió en diversas categorías y soñaba con correr el Rally Dakar. Pero en esa época nacieron sus hijas y no pudo probarse en la carrera más dura del mundo, ya que no quiso perderse las Fiestas de Fin de Año y Reyes con ellas. Pero el tiempo pasó y luego este herrero catalán de 60 años, que se dedica a la producción de accesorios para piscinas, quiso despuntar el vicio con travesías y buscó un vehículo para hacerlas. Vio un aviso en Facebook y ese fue el primer contacto con el Pegaso. Una vez que conversó con el vendedor y recibió copias de la documentación del camión se dio cuenta de que estaba en presencia de una joya.

“La historia del camión es peculiar. Este camión era uno de los del equipo oficial Pegaso, uno de ellos de Salvador Cañellas, que fue ganador en la categoría de camiones, tercero en la general. Una cosa inéditaeste camión, pero que no corresponde por los caballos, pero lo que pasa es que lleva 700 litros de gasoil y eso le hacía no parar. Fue el primer español en subir a un podio en el Rally Dakar”, le cuenta a Infobae.

“Yo quería un ‘auto caravana’, un 4×4, pero grande. De tanto buscar me aparece este camión pintado, con una caja para llevar caballos. Le veo las barras inclinadas y dije ‘no puede ser que sea el eslabón perdido’. Y resulta que sí. El señor me mandó la documentación, me puse en contacto, miré la matrícula, el número de chasis y lo era. Cuando desmantelaron Iveco el camión quedó tirado y este señor lo compró para hacer el Camino de Rocío. Lo restauramos hace tres años y acá está en el Dakar”, agrega.

“El Camino del Rocío es una festividad que se hace en Andalucía en el que hay un camino de arena que va por las marismas y paran en la Virgen del Rocío. Hay gente que lo hace en carreta y otros lo hacen en coche. Este hombre lo hacía a caballo y usaba el camión para transportarlos y las personas que los limpiaban tenían en la parte de atrás tres literas con agua caliente y barras de bar”, explica.

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Cuando confirmó que era el original describe que “había encontrado una joya. Yo de pequeño veía este camión correr como ahora ves un Ferrari o un McLaren y no lo tendremos. Imagínate que un día abres un pajar y ves un Ferrari ahí y dices ‘es increíble’. Son cosas del karma, de los astros, de lo que quieras. Cuando lo compré le saqué la caja de atrás, le puse esta y acá está. Por eso este camión está vivo, si no estaría siendo chatarra”.

Sobre qué se siente al manejarlo, responde que “es vivir los años ochenta. Te das cuenta de lo que sufría esa gente para hacer las etapas africanas del Dakar. El cambio de marcha más duro, todo está sobredimensionado, la suspensión, ves unos troncos de hierba ahí (en el camino) y no se rompe, es muy fiable”.

Acelerando en el desierto saudita (ASO/FOTOP)Acelerando en el desierto saudita (ASO/FOTOP)

Bautista tiene como navegante a Christian Almansa y la tripulación española se completa con el mecánico Albert Casabona Vilaseca. Una vez que terminaron de restaurarlo se pusieron en contacto con Cañellas y le llevaron el Pegaso para su cumpleaños. Los recibió con mucha emoción y les dejó un autógrafo. “Buenos recuerdos de este camión”, escribió en catalán. Al lado de esa rúbrica hay un autoadhesivo original que dice apareció luego de una fuerte limpieza.

En tanto que en su parte trasera figura la leyenda “Lo puto abuelo” y Bautista explica a qué se debe: “A este camión lo llaman ‘Lo puto abuelo’. ‘Lo’ porque en Lérida no se usa ‘él’ sino ‘lo’. Estoy en el equipo TH que tiene cinco/seis camiones como este, con mil caballos de potencia, todos los días le tienen que hacer cuatro o cinco horas de reparación. Y ‘Lo puto abuelo’ es porque se va por las mañanas, vuelve por la noche y no le pasa nada y sigue aquí”.

Las vueltas de la vida lo llevaron a Bautista a participar del Rally Dakar en el que no pudo competir hace tres décadas. Hoy sus hijas lo impulsaron a que pudiera cumplir ese viejo anhelo y terminó de convencerse una vez que descubrió qué tenía en sus manos: una verdadera joya. Ese Pegaso que hizo historia en 1986 volvió a vivir. Pasaron los años, pero este gigante sigue con la fiabilidad de décadas pasadas y es un túnel del tiempo de cuatro ruedas que lleva a vivir un automovilismo de otra época.

Así estaba el Pegaso cuando transportaba caballos:

El perfil del camión antes de su restauración (Bautista Urbano Sancho)El perfil del camión antes de su restauración (Bautista Urbano Sancho)
Por la parte trasera subían los caballos (Bautista Urbano Sancho)Por la parte trasera subían los caballos (Bautista Urbano Sancho)
Calefón para el agua caliente (Bautista Urbano Sancho)Calefón para el agua caliente (Bautista Urbano Sancho)
El estado de los pedales (Bautista Urbano Sancho)El estado de los pedales (Bautista Urbano Sancho)
El volante también se echó a perder (Bautista Urbano Sancho)El volante también se echó a perder (Bautista Urbano Sancho)
La cabina del Pegaso (Bautista Urbano Sancho)La cabina del Pegaso (Bautista Urbano Sancho)

Agradecimiento: Fabio Marchi

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