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[OPINIÓN] Guerra en Ucrania y amenaza nuclear

Tras la invasión rusa, los nueve países poseedores de armas de destrucción masiva aumentarán y modernizarán sus arsenales

La Cumbre de la OTAN en Madrid acaba de presentar su visión estratégica de largo plazo, en la que, paradójicamente, la cuestión nuclear no es considerada como variable relevante.

La realidad es que el conflicto entre la OTAN y Rusia a través de Ucrania, plantea el riesgo de escalada nuclear más importante desde la caída del Muro, e incluso algunos piensan que es el mayor desde la Segunda Guerra Mundial.

Rusia, concretamente, desde el inicio del conflicto puso bajo “régimen especial de servicio” a sus armas nucleares (vendría a ser la versión de ellas en el marco de la “operación militar especial” que se realiza con la invasión a Ucrania). Parece claro que la iniciativa de utilizar armas nucleares estaría por parte de Rusia, no por parte de la OTAN. En junio de 2020, Vladimir Putin aprobó una actualización de los “principios básicos de la política estatal de la Federación Rusa sobre disuasión nuclear”, en la que dice que “la Federación Rusa considera a las armas nucleares exclusivamente como un medio de disuasión”.

Pero este principio define cuatro situaciones en las cuales Rusia podría utilizar armas nucleares: la llegada de datos confiables sobre el lanzamiento de misiles balísticos que ataquen el territorio de la Federación Rusa y/o sus aliados; uso de armas nucleares u otro tipo de armas de destrucción masiva por parte de un adversario contra la Federación Rusa y/o sus aliados; ataque del adversario contra sitios gubernamentales o militares críticos de la Federación Rusa, cuya intervención socavaría las acciones de respuesta de las fuerzas nucleares; por último, la agresión contra la Federación Rusa con el uso de armas convencionales cuando la existencia misma del Estado Ruso esté en peligro.

El concepto de riesgo existencial pasa a ser central en cuanto al empleo de las armas nucleares por parte de Rusia, porque incluye un ingrediente de subjetividad en cuanto a su apreciación. Shahar Avin, investigador israelí de la Universidad de Cambridge, es probablemente el mayor experto mundial en vincular los conceptos de inteligencia artificial y riesgo existencial. Sostiene que este último término consiste en el riesgo de una “pérdida catastrófica e irreversible”, por ejemplo, como ocurriría si la Humanidad se extinguiera. Señala que sus estudios están enfocados a los riesgos de extinción humana y el colapso de la civilización global. Agrega que, por definición, “los riesgos existenciales no tienen precedentes” y dice que “no estaremos aquí para estudiarlos si ya no han sucedido, pero aún podemos estudiarlos rigurosamente examinando catástrofes y colapsos pasados y presentes, estudiando las vulnerabilidades de nuestra sociedad global o explorando los impactos potenciales de tecnologías futuras que prometen un gran poder, pero también un gran peligro, como la inteligencia artificial”.

Cabe señalar que el 10 de abril, a los 40 días de iniciada la invasión rusa a Ucrania, el Viceprimer ministro polaco, Jaroslav Kczynski, le confió a la prensa alemana que “Varsovia está abierta al despliegue en su territorio de armas nucleares si es necesario”. Destacó que “si la Casa Blanca nos pide mantener esos arsenales aquí, no habría problemas porque fortalecerían de manera significativa nuestra disuasión sobre el Kremlin”.

Según el SIPRI, son nueve los países del mundo que actualmente poseen armas nucleares, cuatro de los cuales están al margen de la supervisión internacional. Las tienen Rusia (6.257) y Estados Unidos (5.500). Sumadas las dos principales potencias nucleares concentran más del 90% del total global de estos sistemas de armas. China (350), Francia (290) y el Reino Unido (225), los otros tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad, le siguen, pero a gran distancia desde el punto de vista cuantitativo. Pakistán (165) e India (156) que alcanzaron el arma nuclear fuera del sistema de supervisión internacional, son dos países que tienen una percepción de mutua amenaza respectiva. Israel (90) es una potencia nuclear no declarada que recurre al arma nuclear para compensar el desequilibrio de fuerzas que enfrenta en Medio Oriente. Corea del Norte tendría entre 40 y 50. Es un país que declara tener armas nucleares, pero que probablemente exagera la cantidad y potencia de éstas.

En cuanto a la respuesta de Occidente frente al eventual uso de armas nucleares por parte de Rusia, expertos estadounidenses en el tema sostienen que la respuesta será de “disciplina y control”. En caso de que Putin decidiera usar el arma nuclear, recurriría seguramente a misiles balísticos con un alcance limitado y alta precisión para alcanzar el blanco. Aunque parezca cínico, el uso de un arma de este tipo contra Ucrania no desataría una escalada de respuesta equivalente por parte de Estados Unidos y sus aliados. Pero la situación sería muy distinta si el ataque fuese sufrido por algún país de la OTAN. En este caso, sí habría una respuesta correspondiente. El 20 de abril Rusia realizó el lanzamiento de prueba de su misil nuclear RS-28 Sarmat, que sería el más poderoso de su arsenal según Putin. Tendría un alcance de entre 10.000 y 18.000 kilómetros (podría llegar plenamente la Costa Este de Estados Unidos) y tendría 10 ojivas, las que podrían dirigirse cada una a blancos diferentes.

El 13 de junio, el SIPRI sostuvo que la guerra de Ucrania iniciada por Rusia va a incrementar una carrera armamentista nuclear. Sostiene que Europa vive la situación de seguridad más inestable desde la Segunda Guerra Mundial. Dice que los nueve países poseedores de armas nucleares aumentarán y modernizarán sus arsenales a partir de 2022, lo que se prolongará durante esta década como respuesta al estallido sorpresivo que para ellos implicó la guerra de Ucrania. Sostiene que los países serán menos discretos al hacer referencia a sus armas nucleares, una forma de ejercitar la diplomacia armada. Pero el SIPRI no avanza en un tema clave: la posibilidad de que nuevos países se sumen a los nueve poseedores del arma nuclear. En la tercera semana de junio, la relación de Irán con la Asociación Internacional de Energía Atómica (AIEA) llegó a una situación crítica. Es que Teherán dio pasos concretos para independizarse del control de esta organización internacional. Probablemente Irán es el país que tiene más posibilidades -científicas y políticas- de transformarse en el décimo en acceder al arma nuclear. Si fuese así, seis países con capacidad nuclear militar estarán en Asia, tres en Occidente y uno en Eurasia.

En Occidente predomina la opinión de que cuanto peor le vaya a Rusia en la guerra, mayor es el riesgo de que recurra al arma nuclear. Por el contrario, sus avances en la guerra reducirían dicho riesgo. Cabe agregar que, desde la invasión rusa a Ucrania, Corea del Norte ha amenazado con nuevos lanzamientos de prueba de misiles con capacidad de llevar cargas nucleares. Pese a ello, el riesgo nuclear no parece haber tenido un lugar central o prioritario en la Cumbre de la OTAN de Madrid.

Mirando el largo plazo, la OTAN debe asumir que tiene un PBI que, sumado, es treinta veces el de Rusia y un gasto militar que lo supera casi 20 veces, pero es en los armamentos nucleares donde ésta se encuentra a un nivel de fuerza similar al de la alianza militar occidental.

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