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Opinión

Narcotráfico: lo importante es detener a los dueños del negocio

A más de 30 años de la aprobación de la Ley de Estupefacientes, necesitamos un cambio en la forma de pensar este problema. Las 24 muertes y las 80 personas intoxicadas por consumo de cocaína adulterada no son más que una muestra de ello.

El narcotráfico provoca una constante inseguridad al estar vinculado directamente con otros hechos delictivos (homicidios, corrupción, lavado de dinero) o indirectamente (consumo problemático de determinadas sustancias, que eleva las probabilidades de violencia entre personas y en robos).

Existen diferentes teorías sobre cómo combatir el fenómeno: luchar contra el consumidor (teoría que inspiró nuestra Ley de Estupefacientes y que el paso del tiempo demostró que no es una visión correcta ), contra el vendedor directo (lo que sucede en nuestro país en los últimos años) o contra el jefe del negocio.

Gendarmería es una de las fuerzas de Seguridad que más trabaja contra el narcotráfico en las fronteras.
Gendarmería es una de las fuerzas de Seguridad que más trabaja contra el narcotráfico en las fronteras.

El Sistema Nacional de Información Criminal del Ministerio de Seguridad de la Nación en 2020 informó que las detenciones por infracción a la Ley de Estupefacientes (ley N° 23.737) en el año 2015 fueron 12.853 y en el año 2018 resultaron 31.820. Esto significa un aumento del 147,57% en 4 años. Pero este incremento en detenciones de personas o en hallazgos de material estupefaciente no refleja en disminución de la cantidad de droga que circula en las calles para ser vendida.

La razón de ello es muy simple: sostenemos una “guerra contra las drogas” basada en una Ley que pretende perseguir al consumidor para derribar el comercio clandestino pero, ante su fracaso, intentamos paralelamente combatir el narcotráfico secuestrando importantes cantidades de estupefacientes (lo cual podría pensarse que no es del todo errado) y en la detención de las personas que son encontradas vendiendo (actividad conocida como “narcomenudeo”, contra el último eslabón de la cadena de venta), pero no poseemos una real intención de detener a quienes son los verdaderos jefes de esas personas.

Recordemos la discusión mediática entre el ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, y la exministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, en la que debatían sobre cuántos verdaderos jefes narcos había detenido cada uno en su gestión. Reconociendo Berni que “el Gobierno no tiene capacidad de actuar contra los narcos”.

Las detenciones por tráfico de drogas van en aumento, pero también su consumo (Foto: Adobe Stock)
Las detenciones por tráfico de drogas van en aumento, pero también su consumo (Foto: Adobe Stock)

Ahora, ¿de qué sirve detener personas que son el último eslabón de la cadena del narcotráfico si rápidamente son reemplazadas por otras para cumplir su función? El sistema lejos de aprovechar su detención para intentar llegar a información que permita detener a sus jefes (piénsese en la controvertida figura del arrepentido) lo que suele hacer es condenarlas a penas muy cercanas al mínimo previsto para el delito de comercio de estupefacientes (4 años) y enviarlas a la cárcel.

Para peor, con el actual estado de las cárceles argentinas (estamos desde hace tres años en emergencia penitenciaria, declarada por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos), y con la marca de poseer un antecedente penal, difícilmente al recuperar su libertad puedan encontrar un trabajo legal que, previo a ingresar, ya no tenían. Esta exclusión es, sin dudas, un problema también para el resto de la sociedad.

El “festejo” del secuestro de sustancias

¿Sirve?: Sí, ¿Alcanza?: No. Claramente lo que importa es detener a los dueños del negocio y eso es algo que hoy, pareciera, casi que no está en agenda. Mientras, se focalizan los esfuerzos en perseguir a los empleados y a los consumidores.

Cocaína secuestrada en Puerta 8. (Foto: Policía).
Cocaína secuestrada en Puerta 8. (Foto: Policía).

A más de 30 años de la aprobación de la Ley de Estupefacientes, cada vez más, necesitamos un cambio en la forma de pensar este problema. Las 24 muertes y las 80 personas intoxicadas por consumo de cocaína adulterada no son más que una muestra de ello.

El caso resalta la necesidad de un cambio tanto de legislación como de política criminal. Quizás por ser tan mediático, y tan grave, se logró la identificación de quiénes serían los autores de la maniobra delictiva.

Entonces: ¿se puede combatir el narcotráfico? Pareciera que sí, ¿necesitamos de un caso mediático para empezar a realizarlo? Pareciera que también.

(*) Pablo Ordóñez es investigador en el Instituto de Investigación- Fac. Cs. Jurídicas USAL. Profesor Titular de la asignatura “Régimen Penal del Narcotráfico” (Facultad de Derecho – UBA). Coautor del libro Narcomenudeo, (Editores del Sur, 2021)

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