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Instagram: así puedes eliminar o desactivar tu cuenta

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Las redes sociales son parte común de la vida de las personas hasta el punto de que es necesario consultar el smartphone con frecuencia para buscar y saber de las experiencias de los demás. Estar al pendiente de otras vidas ya se ha convertido en un hábito.

Instagram ha sido parte de este fenómeno, pues es una de las redes sociales más populares del momento debido a la gran cantidad de funcionalidades con las que cuenta que van desde lo más básico: compartir fotografías con filtros hasta algo más complejo que es subir la letra de canciones con animaciones en las historias.

Debido a todos esos aspectos y a su aceptación entre el público, es una de las plataformas en las que más se gasta tiempo, pero si el usuario busca apartarse de ella y tener un poco más atención en sí mismo, aquí están algunos consejos para llevar a cabo ese proceso.

¿Deshacerse o desactivar la cuenta?

Para alejarse de Instagram  existen dos alternativas: eliminarla o desactivarla por un periodo. No obstante, la primera implica borrar todas las publicaciones que el usuario ha hecho en su perfil.

Con la desactivación no se elimina ningún tipo de dato de la cuenta. (Captura de Pantalla)

Con la desactivación no se elimina ningún tipo de dato de la cuenta. (Captura de Pantalla)

Para desactivarla, el proceso es tan sencillo como ir al menú de Configuración y escoger la opción “Cerrar sesión”. De esta forma el contenido no se borrará incluso si se decide eliminar la aplicación de su smartphone.

Bastará con que el usuario vuelva a abrir la cuenta en cualquier dispositivo para regresar a la acción como Instagramer. Cabe recordar que al desactivar la cuenta, cualquier otra persona puede seguir consultando el contenido que se haya subido ahí previamente.

Ahora bien, si lo que se desea es deshacerse de la cuenta, el primer paso será solicitar los datos para descargar las fotografías, los videos e incluso los comentarios que se tengan almacenados en el perfil y se quiera conservar.

Este proceso se puede realizar desde el navegador Web o desde la aplicación móvil, pero es importante tener en cuenta que la compilación de la información es algo tardado.

Para eliminar la cuenta, el proceso puede llevar más tiempo, pues implica la recuperación de los datos del perfil. (Captura de pantalla)

Para eliminar la cuenta, el proceso puede llevar más tiempo, pues implica la recuperación de los datos del perfil. (Captura de pantalla)

A pesar de la inversión del tiempo, resulta algo sencillo de realizar. El primer paso es dirigirse al menú ubicado en la parte superior derecha de la app, dirigirse a la opción Configuración y ahí buscar la que dice “Seguridad”. Desde ahí se podrán descargar los datos una vez que se haya ingresado un correo electrónico adonde llegaría la información.

En la versión Web, el proceso es el mismo. Una vez realizada esta tarea, el usuario recibirá un correo con el asunto: Tus datos de Instagram. Al abrirlo aparecerá un enlace para descargarlos, el cual únicamente es válido por cuatro días.

Después de este paso, ha llegado el momento más drástico: eliminar la cuenta. Para llevarlo a cabo desde la aplicación será necesario ir al menú de Configuración y luego a la opción “Ayuda”. Desde ahí se debe tocar “Servicio de Ayuda”, la cual abrirá una ventana de navegador.

Desde esa ventana es en donde el usuario debe seleccionar “Administrar tu Cuenta” y después en “Eliminar tu Cuenta”. El asunto continúa en la opción “¿Cómo borro mi cuenta?” y ahí, en la parte inferior de la página estará el enlace “Eliminar mi cuenta”.

Recientemente se hizo público que una startup de marketing había recopilado datos de los usuarios con el fin de hacer publicidad más específica. (Foto: Pixabay)

Recientemente se hizo público que una startup de marketing había recopilado datos de los usuarios con el fin de hacer publicidad más específica. (Foto: Pixabay)

Una vez que la página haya sido redireccionada se deberá seleccionar una de las varias razones disponibles en un menú por la cual el usuario quiere borrar su perfil. Después de esto, será necesario ingresar la contraseña y finalmente tocar el botón rojo que dice “Borrar mi cuenta permanentemente”.

Los datos personales en las redes sociales

La decisión de borrar una cuenta de una red social si bien puede parecer radical, en la actualidad también se puede entender como un asunto de protección de los propios datos personales de quienes hacen uso de estos medios de comunicación.

Hace unos días se dio a conocer que precisamente en Instagram, una startup de marketing estaba recopilando datos como la ubicación, fotos e información de los perfiles para realizar publicidad sumamente dirigida para los usuarios.

Según Business Insider, esto ocurrió a raíz de una combinación de errores de configuración y falla de supervisión por parte de Instagram. “Las acciones de Hyp3r no fueron autorizadas y violan nuestras políticas“, dijo un vocero de Instagram a ese medio y añadió que la habían eliminado de la plataforma y que realizaron cambios para evitar que otras compañías pudiesen adquirir ubicaciones públicas de los usuarios.

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WhatsApp impedirá que los menores de 16 años usen el servicio

editor02

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Fue en 2018 cuando se descubrió por primera vez: WhatsApp no podría ser utilizado en un futuro por menores de 16 años dentro del espacio europeo, y por menores de 13 en otros países. Aquella amenaza apocalíptica, habida cuenta de la cantidad de adolescentes que emplean la popular aplicación, parecía un brindis al sol, pero Wabetainfo ha desvelado que Facebook piensa hacerla efectiva en la próxima actualización de la app para Android.

Los responsables de WhatsApp van a comenzar a cerrar las cuentas de aquellos usuarios que no cumplan los requisitos de edad, y aunque no queda claro cómo piensa llevarlo a cabo, todo parece indicar que será mediante la acusación directa de terceros. Esto es, si se conoce a algún menor que use el servicio, se podrá reportar a una cuenta de correo electrónico específica para que WhatsApp analice la información y proceda a cerrar esa cuenta.

¿Misión imposible?
Lo cierto es que fue en 2018 cuando la firma perteneciente al paraguas de Facebook se adelantó a la aplicación de la GDPR europea para establecer la mencionada edad mínima en sus condiciones de uso; se trataba de una manera de protegerse ante los organismos de la Unión y trasladar la responsabilidad al propio usuario. Y lo cierto es que esta prohibición está visible para cualquier usuario en el FAQ de la aplicación en Android, donde se puede leer:

“Si resides en un país del Espacio Económico Europeo o en cualquier otro país o territorio que forme parte de él (denominados en conjunto Región europea), debes tener al menos 16 años de edad (o más, si así lo requiere la legislación de tu país) para registrarte y utilizar WhatsApp”.

Pero lo cierto es que denunciar a un menor no resulta tan fácil y desde luego, no puede hacerse anónimamente: Facebook obliga a que sean los progenitores quienes denuncien a sus propios hijos y para ello les exige entregar todo tipo de documentos que acrediten no solo la paternidad, sino también la titularidad de la línea. las dudas que surgen es si Facebook simplemente quiere cumplir la normativa relativa a la protección de datos sin un interés real en aplicarla.

Lo cierto es que esto es lo que se sospechaba hasta la fecha, pero la mencionada actualización de la beta de Android a 2.19.222 avanza una “función” que facilite el cierre de la cuenta de los menores; esto es, se trataría de una herramienta dentro de la propia aplicación. Desde EL PAÍS se ha contactado con Facebook sin tener, por el momento, ninguna confirmación al respecto.

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Cómo querer a un robot

editor02

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Las máquinas inteligentes ya están entre nosotros y alteran nuestros vínculos sociales. Psicólogos y especialistas en ética advierten cómo nos afectan emocionalmente las relaciones con estos seres artificiales

Toda gran historia tiene un principio, un medio y un final. El 13 de febrero pasado la NASA anunció el desenlace de una de las más importantes odiseas espaciales de nuestro tiempo: a ocho meses de la última comunicación con la Tierra, el robot Opportunity fue declarado muerto en Marte.

Durante casi 15 años, este vehículo de exploración de seis ruedas y del tamaño de un carrito de golf vagó por el planeta rojo, encontrando en los 45 kilómetros que recorrió pruebas concluyentes de que nuestro vecino albergó grandes cuerpos de agua líquida en un pasado lejano.

“Junto a su gemelo SpiritOpportunity ha hecho de Marte un lugar familiar”, declaró John Callas, gerente de proyectos del Jet Propulsion Laboratory, después de que una feroz tormenta de polvo bloqueara los paneles solares del rover, impidiéndole recargar sus baterías.

Los controladores del vehículo hicieron más de 835 intentos de contacto con el robot geólogo. Incluso le mandaron a Oppy –como cariñosamente lo conocían– una última canción para que despertara: I’ll Be Seeing You de Billie Holiday, que provocó lágrimas en los ojos de varios miembros del equipo. La única respuesta fue el silencio.

“Nunca me imaginé que estaría sentada frente a mi computadora llorando por un robot en Marte”, dijo la escritora Jocelyn Rish tras la muerte de ‘Opportunity’

Se trataba del final. “Este es un día difícil”, dijo Callas en una suerte de funeral organizado en Pasadena, California. “A pesar de que es una máquina y nos estamos despidiendo, sigue siendo muy difícil y conmovedor”.

“Descansa, robot”, escribieron en la cuenta oficial de Twitter de Opportunity. “Tu misión ha sido completada”.

Las expresiones de dolor se esparcieron por internet. “Nunca me imaginé que estaría sentada frente a mi computadora llorando por un último mensaje de un robot en Marte, pero aquí me siento a limpiar las lágrimas”, dijo la escritora Jocelyn Rish.

Este tipo de tributos exhibieron una increíble predisposición humana: la de involucrarnos emocionalmente con objetos. Al fin y al cabo, Opportunity era (es) eso: un cuerpo inanimado, un entramado de aluminio, cables, cámaras y paneles. Una cosa.

“Estamos biológicamente programados para proyectar intencionalidad y vida a cualquier objeto que nos parezca autónomo”,explica Kate Darling del Media Lab del MIT. “Por eso la gente trata todo tipo de robots como si estuvieran vivos”.

Los participantes de un experimento alemán sintieron empatía al ver a un robot sometido a tortura

Para esta especialista en ética y derecho que se presenta como Mistress of machines (“Maestra de las máquinas”) en la conferencia IBM Think en San Francisco, tenemos una tendencia general a humanizar a los animales e incluso a seres no vivos que nos rodean o con los que habitualmente interactuamos.

Los seres humanos creamos conexiones emocionales con animales de peluche, automóviles y otras máquinas. Si están equipadas con características o partes del cuerpo típicas de seres con vida –como ojos o brazos–, las percibimos como entidades en lugar de dispositivos o herramientas. Les asignamos nombres, tratamos a aspiradoras robóticas como “ellas” en lugar de como “eso”.

“Los robots no tienen sentimientos”, advierte Darling, “pero las personas que tratamos con robots sí tenemos sentimientos hacia ellos. Y eso no ha sido del todo explorado”.

Lazos de acero

Los humanos hemos mostrado durante generaciones una curiosa tendencia para fraternizar con objetos, ya sea como proyecciones o en nuestra constante búsqueda de afecto y compañía. En la película Cast Away (Náufrago, 2000), el personaje interpretado por Tom Hanks arriesga su vida para salvar a un balón de voley llamado Wilson, que se ha convertido en su mejor amigo y confidente en la soledad de una isla desierta en el Pacífico.

Sin embargo, ahora que nuestras creaciones muestran elementos rudimentarios de inteligencia, los lazos que los humanos forjamos con las máquinas son aún más impresionantes.

Las guerras en Afganistán e Irak se han convertido en un estudio de campo sin precedentes en las relaciones humanas con estos seres artificiales. Estos conflictos son los primeros en la historia en ver un despliegue generalizado de miles de robots de batalla encargados de despejar caminos de dispositivos explosivos, buscar bombas debajo de autos, espiar al enemigo. Y también de aniquilar personas.

Kate Darling investiga la interacción entre seres humanos y robots. Asegura que tenemos una tendencia general a humanizar a seres no vivos que nos rodean o con los que habitualmente interactuamos.
Kate Darling investiga la interacción entre seres humanos y robots. Asegura que tenemos una tendencia general a humanizar a seres no vivos que nos rodean o con los que habitualmente interactuamos. MEDIA LAB MIT.

Sin embargo, aún más asombrosas que las capacidades de estas máquinas son los efectos que tienen en sus controladores humanos. En 2007, el reportero de The Washington PostJoel Garreau entrevistó a miembros del ejército de Estados Unidos sobre sus relaciones con robots. Un coronel que supervisaba el ejercicio de prueba de un robot construido para caminar y detonar minas terrestres terminó ordenando que se detuviera, porque la imagen del robot arrastrándose destartalado por el campo después de una explosión era demasiado “inhumana”.

Los soldados, que en muchos casos confiaban sus vidas en estas máquinas. no solo les ponían nombres cariñosos. Como cuenta Peter Warren Singer en Wired for War: The Robotics Revolution and Conflict in the 21st Century, hay historias de soldados que arriesgan sus vidas para salvar a los robots con los que trabajan. Robots militares incluso han recibido medallas y funerales con honores.

Simpatía por lo artificial

A medida que los asistentes digitales se vuelven omnipresentes, nos estamos acostumbrando a hablar con ellos como si fueran seres sensibles. Hay quienes ya tratan a Siri, Alexa o Google Home como confidentes, como amigos y terapeutas.

“Cada vez creamos más espacios en los que la tecnología robótica está destinada a interactuar con los humanos”, indica Darling. “Nuestra inclinación a proyectar cualidades reales en los robots plantea interrogantes sobre el uso y los efectos de la tecnología”.

En su libro Alone Together: Why We Expect More from Technology and Less from Each Other, a la psicóloga Sherry Turkle le preocupa que las relaciones seductoras de robots, que se supone que son menos agotadoras que las relaciones con humanos, tienten a las personas a evitar la interacción con sus amigos y familiares.

A medida que la inteligencia artificial impregna nuestras vidas, debemos enfrentarnos a la posibilidad de que afecte nuestras emociones e inhiba conexiones humanas profundas.

Darling justamente investiga los efectos sociales, éticos y legales a corto plazo de la integración de la tecnología robótica en la sociedad. Explora cómo los robots sociales funcionan como reflejos de nuestra propia humanidad: cómo incitan nuestras emociones, cómo son disparadores de empatía, además de funcionar de compañía de personas dentro del espectro autista o en una población cada vez más avejentada.

Investigadores de la Universidad de Stanford descubrieron que la gente se siente realmente incómoda cuando se les pide tocar las partes íntimas de un robot

En 2013, en un taller realizado en Ginebra, Darling, dio a cinco equipos de personas un robot Pleo, un dinosaurio de juguete para niños, de ojos confiados y movimientos cariñosos. Les pidió que le pusieran un nombre e interactuaran con ellos durante aproximadamente una hora. “Luego les dimos un martillo y un hacha”, recuerda, “y les dijimos que torturaran y mataran a los robots”.

Ninguno de los participantes aceptó hacerlo. Así que finalmente, Darling amenazó: “Vamos a destruir todos los robots a no ser que alguien destruya con un hacha uno de ellos”. Entonces, una mujer se puso de pie, tomó el hacha y le dio un golpe al robot en el cuello. Toda la habitación se estremeció. “Fue mucho más dramático de lo que nunca habíamos anticipado”.

No se trata solo de una anécdota. En un estudio, investigadores de la Universidad de Duisburg-Essen en Alemania utilizaron un escáner de resonancia magnética funcional para analizar las reacciones de las personas ante un vídeo de alguien que torturaba un dinosaurio robótico Pleo: asfixiándolo, metiéndolo dentro de una bolsa de plástico o golpeándolo.

La psicóloga Astrid Rosenthal-von der Pütten y sus colegas descubrieron que los participantes experimentaban una sensación de empatía al ver a un robot sometido a tortura. Las respuestas fisiológicas y emocionales que midieron fueron mucho más fuertes de lo esperado, a pesar de ser conscientes de que estaban viendo un robot.

Este tipo de reacciones se advierten en las redes sociales cada vez que la compañía Boston Dynamics sube un nuevo vídeo de uno de sus robots que reciben patadas y tirones para demostrar que pueden lidiar con fuerzas imprevistas.

En 2015, incluso la organización por los derechos de los animales PETA se pronunció: “Si bien es mucho mejor patear a un robot de cuatro patas que a un perro real, la mayoría de las personas razonables consideran que incluso la idea de tal violencia es inapropiada”. Sin mencionarlo, hacían referencia al argumento de la serie Westworld, sobre un alzamiento robótico luego de décadas de subyugación.

En ese sentido se creó la campaña Stop Robot Abuse: “¡Actúa junto con nosotros para detener el abuso y la crueldad hacia los robots! ¡El abuso de robots es un problema real y debe detenerse inmediatamente! Únase y ayúdenos enseñando a los niños humanos cómo manejar mejor los robots desde una edad temprana”.

Sin embargo, el problema con la tortura de un robot no tiene nada que ver con el robot en sí, sino con los valores sociales y los impulsos de las personas que ven tal espectáculo.

Nuevos y viejos derechos

La apariencia de las máquinas juega un papel importante en cómo las tratamos. En 2016, investigadores de la Universidad de Stanford descubrieron que la gente se siente realmente incómoda cuando se les pide tocar las partes íntimas de un robot. “La gente responde a los robots de una manera primitiva y social”, dice la Jamy Li, una de las autoras del estudio. “Las convenciones sociales sobre tocar las partes privadas de otra persona se aplican también a las partes del cuerpo de un robot”.

En muchos casos, las percepciones que tienen las personas sobre lo que es y es capaz de hacer un robot provienen de la ficción. “Creo que estamos muy atrapados en las ideas de ciencia ficción y la cultura pop de lo que la inteligencia artificial y los robots pueden hacer o no pueden hacer”, señala Darling. “Las personas a veces sobrestiman o subestiman lo que la tecnología puede hacer”.

En las guerras de Irak y Afganistán, los soldados ponían nombres cariñosos a los robots con los que trabajaban; incluso alguno arriesgó su vidas para salvar a un robot

Proyectamos en los robots más inteligencia de la que realmente tienen. Los robots aún no pueden lidiar con cosas fuera de parámetros muy limitados. Esta atribución, en ciertas ocasiones pude ser divertido y en otras, problemático. Como recuerda esta investigadora, existe el concepto de sesgo de automatización: “A veces confiamos demasiado en las máquinas. Confiamos ciegamente en su toma de decisiones, o confiamos en que un algoritmo es neutral y no sesgado. A menudo, ese no es el caso”.

En el caso de Opportunity, la percepción social estuvo, tal vez, influenciada por personajes como el robot Wall-E. Y también por el curioso estilo de redacción de las cuentas oficiales de Twitter de este tipo de máquinas o lo que se conoce como encuadre antropomórfico: en sus redes sociales, parecen vivas, con personalidad y voluntad.

La infiltración de estos seres artificiales en la sociedad y en nuestros ámbitos privados abre así un territorio inexplorado para la psicología. “La llegada de los robots se siente como si una raza alienígena aterrizara en la Tierra. No sabemos qué hacer con ella”, dice Darling, quien sospecha que durante una primera fase trataremos a los robots como mascotas.

Lo que sigue –¿robots sociales con derechos legales? – por ahora pertenece al dominio de la ciencia ficción y la especulación. O no tanto: en 2017, Arabia Saudí se convirtió en el primer país en otorgar la ciudadanía a un robot. Sin estar obligada a usar hiyab o a estar acompañada por un tutor masculino, este ser artificial de aspecto femenino recibió algunos derechos que las propias mujeres sauditas no pueden disfrutar en su país.

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Google Play tiene nuevo diseño y mejoras de navegacion

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Al fin el nuevo diseño de Google Play se está extendiendo de manera oficial a todos. Este diseño combina un estilo minimalista y una mejor organización de las secciones.

Tal como el resto de los productos de Google, adopta Material Design con su estilo tan característico. Pero Google también ha mejorado la navegación y la presentación de las categorías teniendo en cuenta la dinámica de los usuarios al utilizar Google Play desde su versión web y los dispositivos móviles.

Por ejemplo, hay una nueva barra de navegación en la app móvil y mejoras para que el descubrimiento de nuevos contenidos resulte más simple. También se ha tenido en cuenta otros detalles como brindar toda la información que el usuario necesita sin que se complique con demasiados clics.

Por otro lado, los iconos son más grandes, la navegación se siente más fluida y es más fácil desplazarse por la info del producto, las valoraciones y opiniones, entre otros detalles. Y si antes te complicaba tener que filtrar el contenido que buscabas, ahora verás que los juegos, aplicaciones, películas y libros están en secciones separadas en la página principal.

Es un cambio de look interesante, aunque no parece seguir la tendencia de otros productos de Google de implementar el modo oscuro. Este nuevo diseño ya se está desplegando a todos los usuarios.

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